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6 minutosRaíces — Catania

Volver a Sicilia no es nostalgia: es una forma de comprobar quién soy

Cómo un regreso a Catania puede reordenar tu identidad artística: el método íntimo para convertir las raíces en materia de trabajo.

Volver a Sicilia no es nostalgia: es una forma de comprobar quién soy

El vagón dentro del ferry: lo que entendí antes de llegar a Catania

El tren entra despacio en el vientre del transbordador. Afuera queda el Estrecho de Messina, con una luz baja que apenas separa el agua del cielo; dentro llegan el olor a gasoil, la sal pegada al metal y el eco de las maniobras. Entonces se apaga el motor del vagón. Ese silencio exacto marca el regreso antes de que aparezca Catania por la ventanilla.

Volver sirve para comprobar qué sigue vivo y qué solo pertenecía al recuerdo. Las raíces ofrecen materia de trabajo: una forma de andar, ciertas voces, la distancia entre una puerta y la siguiente. Para que esa materia se abra, conviene llegar con una tarea concreta. Puede ser recorrer una calle a la misma hora, escuchar cómo cambia un mercado o fotografiar los portales que antes pasaban inadvertidos.

Punto Clave: una ciudad natal deja de ser una imagen fija cuando se le asigna una acción precisa.

El regreso que interesa aquí pasa primero por el cuerpo, continúa con un método sencillo de caminata y archivo, y después se mide desde tres lugares: Catania, Roma y Los Ángeles. Al final permanece la propia ciudad, construida como una respuesta física a aquello que perdió.

La piedra de lava bajo los pies: cuando el cuerpo reconoce antes que la memoria

En Catania, el reconocimiento empieza en las plantas de los pies. El basalto negro devuelve un ruido seco, distinto al de otras aceras. La humedad del mar se mezcla con el polvo del Etna, y esa combinación entra en la respiración antes de convertirse en pensamiento.

Imagen que muestra basalto catania

Las primeras horas pertenecen a los sentidos

Durante las primeras 48 o 72 horas, aproximadamente, conviene registrar sensaciones físicas sin formular todavía un concepto visual. Temperatura de la piedra, dirección de la luz, peso del aire, velocidad de los pasos. Este inventario breve mantiene la mirada cerca de lo que ocurre y lejos de una galería fotográfica imaginada con demasiada anticipación.

Recordar una calle y volver a medirla producen experiencias distintas. En la cabeza, la esquina de la infancia puede estar a unos pocos pasos; sobre el terreno, el trayecto se estira. Una fachada parece más baja. Un patio queda oculto detrás de una entrada que la memoria había agrandado.

La desincronía entre la escala peatonal recordada y la distancia real sobre el basalto negro de Catania abre un espacio fértil. La imagen nueva aparece ahí, entre dos versiones que ya no encajan. La nostalgia tiende a cerrar el sentido; la observación paciente lo deja respirar.

Cómo trabajo un regreso: caminar, fotografiar sin buscar, archivar

¿Cómo se evita que el regreso produzca únicamente imágenes reconocibles? La respuesta parcial está en separar las operaciones. Caminar, fotografiar y archivar cumplen funciones diferentes, aunque terminen dentro de la misma serie.

Un recorrido en tres movimientos

  1. Repetir las rutas sin cámara. El primer paseo sigue itinerarios antiguos a pie y en la misma franja del día. Los recorridos de media tarde, en torno a las 16:00 y las 18:30, permiten comparar cómo cae la luz y cuánto tarda realmente el cuerpo en atravesar cada tramo. Sin cámara, la emoción pierde urgencia y el encuadre puede esperar.
  2. Regresar con la cámara abierta a lo cotidiano. Mercados, portales, patios, ropa tendida y personas ocupadas en seguir viviendo. La consigna consiste en recibir lo que sucede, en lugar de ilustrar una idea preparada desde fuera.
  3. Conversar con quienes se quedaron. Las preguntas útiles se ocupan del presente: dónde compran el pan, qué calle evitan, a qué hora se vacía la plaza. Esas respuestas corrigen la versión romántica que suele acompañar al viajero.

Las estancias de inmersión de unas tres a cinco semanas dan tiempo para que la primera impresión pierda autoridad. Una visita breve suele producir emblemas; la repetición descubre ritmos, interrupciones y gestos pequeños.

El archivo espera mejor que la memoria

Al principio, los carretes quedaron clasificados por temas preconcebidos y proyectos específicos. El sistema forzaba una narración artificial y ahogaba las relaciones inesperadas entre imágenes. Tras abandonarlo, el archivo pasó a ordenarse únicamente por coordenadas de lugar y franjas horarias.

Meses después, una sombra de Catania podía conversar con un pasillo romano sin haber sido obligada a hacerlo. El sentido emergía del contacto entre fotografías.

Consejo: conserva primero la información concreta del momento. El tema puede llegar mucho más tarde.

Catania, Roma y Los Ángeles: tres distancias que se corrigen entre sí

Roma enseña el oficio de responder a la mirada ajena. Los rodajes imponen horarios, marcas en el suelo y tiempos que pertenecen a una escena colectiva. En ese entorno de cine y actuación, la identidad se negocia mediante decisiones prácticas: dónde ponerse, cuándo esperar, cuánto retirar de una imagen.

Los Ángeles introduce otro tipo de distancia. La luz plana de la costa oeste americana y la escala del coche alteran la relación con el espacio. La ausencia de una historia compartida vuelve visibles algunos hábitos que en Europa parecían naturales. Lejos de casa, ciertos pensamientos dejan de confundirse con el paisaje y revelan qué parte de ellos viaja con la persona.

Catania frente a los testigos anteriores

Catania funciona como banco de pruebas porque allí permanecen quienes conocieron al autor antes de la obra, los rodajes y las ciudades elegidas. Una fotografía tomada en la calle de siempre se enfrenta a testigos capaces de reconocer tanto el lugar como la distancia introducida por la mirada.

Entre Roma y Los Ángeles se aprende a trabajar con escalas opuestas; en Catania se comprueba lo que esas escalas han modificado. Esta triangulación queda limitada a una trayectoria muy específica entre rodajes europeos y la industria norteamericana. Su valor reside en la comparación concreta, no en servir como plantilla para cualquier creador visual.

Así, Catania, Roma y Los Ángeles dejan de nombrar tres puntos biográficos. Forman un sistema de corrección: una ciudad disciplina, otra extraña y la tercera reconoce.

Una ciudad levantada encima de sus propias ruinas

Catania conoce el gesto de volver a empezar desde su propia materia. El terremoto del Val di Noto devastó su trama urbana en enero de 1693. La reconstrucción empleó los escombros como cimiento y dio forma a una ciudad de piedra de lava y barroco tardío.

En 2002, la UNESCO inscribió como Patrimonio Mundial las ciudades tardobarrocas del Val di Noto reconstruidas tras el terremoto de 1693. La fecha permite mirar las fotografías de Catania desde otro lugar: sus fachadas conservan el rastro de una catástrofe transformada en estructura.

Volver repite ese movimiento constructivo. El pasado sostiene la imagen presente sin exigir que se copie su forma.

La piedra que piso es la del desastre reutilizado.

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