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Catania sensorial: guía para mirar la ciudad con oído, piel y memoria

7 minutosRaíces — Catania

¿Qué queda de Catania cuando apartas la vista de los monumentos?

Si tapáramos las fachadas barrocas, ¿seguiríamos reconociendo Catania por su sonido, su temperatura y su olor?

La ciudad se identifica inmediatamente por el grito áspero del mercado. Se reconoce por la piedra de lava tibia bajo la palma de la mano. El olor denso a fritura y jazmín, que conviven en la misma esquina, la delata. La vista tiende a monopolizar la experiencia urbana, silenciando el resto de los sentidos bajo el peso de la arquitectura monumental. El oído necesita su tiempo, un cuarto de hora largo, antes de empezar a aislar sonidos individuales dentro del ruido de la calle. Esa espera resulta fundamental para que el espacio deje de ser un simple decorado y empiece a funcionar como un organismo vivo.

Advertencia:

Esta guía es una lectura personal formada en años de mirar Catania como origen y como material fotográfico, un registro íntimo antes que un inventario turístico exhaustivo.

Lo esencial, en orden: cuatro decisiones que cambian el recorrido

Al estructurar esta guía, inicialmente consideré trazar una ruta cartográfica tradicional calle por calle. Tras revisar mis propios diarios de rodaje en Sicilia entre 2018 y 2019, descarté ese enfoque lineal. La experiencia del espacio exige pautas de comportamiento antes que coordenadas geográficas.

La primera decisión exige elegir la hora antes que el lugar. La Pescheria y Via Etnea mutan radicalmente entre la mañana y el anochecer, transformando su volumen y su densidad. La segunda pauta requiere caminar sin auriculares y con las manos libres. El metal de las persianas, la rugosidad de los muros y el roce del viento necesitan entrar en el registro físico del cuerpo. Luego toca bajar de nivel: un descenso de unos tres o cuatro metros bajo la calle, en Piazza Duomo, permite percibir el flujo del río Amenano. El agua subterránea recuerda la condición porosa y frágil del suelo sobre el que se asienta toda la estructura urbana.

La cuarta regla impone un intervalo inicial de unos cuarenta y cinco minutos, o una hora, de recorrido sin equipo fotográfico. Retrasar el momento de la captura obliga a establecer una relación directa con el entorno.

El oído: pregones, persianas y campanas que ordenan el día

La Pescheria funciona como el epicentro sonoro indiscutible de la ciudad. Los pregones en dialecto chocan violentamente contra el ruido seco de los cuchillos sobre el mármol mojado. El hielo cae constantemente de las cajas mientras el regateo se superpone en varias voces simultáneas, creando una polifonía caótica pero estructurada. El mercado alcanza su punto de mayor intensidad desde primera hora de la mañana hasta poco después del mediodía.

El sonido cambia de textura hacia el mediodía. El mercado se desmonta lentamente, dejando un rastro acústico diferente. Quedan las mangueras arrastrándose por el suelo de piedra y los cajones vacíos apilados contra las paredes. La Pescheria no suena igual un martes de invierno que un sábado de verano. Los callejones estrechos amplifican el paso rápido de los motorinos, generando un zumbido constante que rebota en las fachadas. Via Etnea devuelve un eco distinto, más abierto y disperso, frente a la resonancia sorda de las calles laterales. Las campanas marcan el paso de la tarde con una cadencia pesada, ordenando el tiempo de los habitantes.

La piel: basalto, polvo volcánico y el aire que llega del mar

La piedra de lava define el tacto entero de la ciudad. Los adoquines porosos y los bordillos negros absorben la radiación diurna con avidez. En las escalinatas, el basalto retiene el calor unas cuatro o cinco horas después del ocaso. Tocar los muros al anochecer permite sentir la energía acumulada durante las horas de luz.

El centro reconstruido tras el terremoto de 1693 ofrece un contraste material constante. La caliza clara y el basalto oscuro conviven en la misma fachada, creando un diálogo geológico evidente. La mano percibe dos temperaturas distintas al recorrer los muros, una fría y lisa, otra cálida y áspera. La inclusión de el barroco tardío del Val di Noto en la lista del Patrimonio Mundial ayuda a entender la homogeneidad de esta reconstrucción. La piedra unifica el paisaje visual y táctil, convirtiendo la catástrofe histórica en una identidad estética coherente.

Olor y gusto: la fritura, el jazmín y la almendra como archivo

El mapa olfativo de la ciudad se organiza por capas densas que se suceden con el paso de las horas. El pescado fresco y el hielo dominan la zona del mercado a primera hora de la mañana. El aceite caliente de las freidurías toma el relevo a media mañana, inundando las calles peatonales con un aroma pesado y reconfortante. Los patios interiores esconden floraciones de jazmín que duran unas tres o cuatro semanas a finales de primavera. El azahar se mezcla con la almendra tostada de las pastelerías cercanas, creando bolsas de aire perfumado en medio del tráfico.

La infancia catanesa se recuerda antes por un olor que por una imagen. Ese archivo invisible condiciona profundamente lo que un fotógrafo elige encuadrar después. Los gustos fijan la hora exacta del día. La granita con brioche marca la pausa de media mañana. El agua con sirope del quiosco refresca la tarde pesada. La cena tardía llega solo cuando el calor cede definitivamente y el aire permite respirar con normalidad.

Método de trabajo: del cuaderno sensorial a la fotografía

¿Cómo se traduce esta acumulación de estímulos en una imagen fija?

El protocolo aplicado en el trabajo de campo entre Catania, Roma y Los Ángeles consta de cuatro pasos fundamentales. Caminar, anotar, volver a la misma esquina otro día y solo entonces fotografiar. El cuaderno sensorial organiza la experiencia en tres columnas dedicadas al sonido, la textura y el olor, sumando la hora exacta de la observación. Este registro sistemático sirve para detectar patrones de comportamiento y variaciones de luz que la vista sola pasa por alto. La práctica pide veinte o treinta minutos de observación estática por esquina antes de la primera toma.

Un obstáculo evidente surge aquí: este protocolo de registro sensorial en tres columnas requiere una inmersión lenta que resulta incompatible con los ritmos de producción de un encargo editorial urgente o un viaje de fin de semana.

Imagen que muestra un cuaderno

La luz baja del atardecer sobre el basalto húmedo cobra sentido pleno tras haber tocado la piedra. El contraluz del mercado se entiende mejor al conocer el ritmo interno de los pregones. El detalle macro de una superficie comunica más sobre la historia del lugar que el plano general del monumento.

Consejo:

Mantener las notas manuscritas junto a las hojas de contacto fotográficas permite reconstruir el contexto atmosférico de cada imagen meses después de haber abandonado la ciudad.

Un día completo, hora a hora, sin repetir el mismo sentido

La primera franja del día pertenece al mercado y a Piazza Duomo, con el oído asumiendo el papel de guía principal. El ruido establece el perímetro de la actividad humana. El mediodía impone buscar la sombra, los patios interiores y el silencio metálico de las persianas cerradas. Es el momento óptimo para el tacto de la piedra y la lectura pausada de las fachadas, cuando la luz cenital aplana los volúmenes.

La tarde inclina el cuerpo hacia la pendiente natural que busca el mar. El aire salino inunda Ognina y el frente portuario, cambiando la densidad del ambiente. Cerca de los muelles hay una transición térmica y de corrientes de aire que suele darse hacia las seis de la tarde. La humedad salina se resiste a aparecer en fotografías digitales de alto contraste. El cuerpo, sin embargo, registra ese cambio de presión en el aire al instante, marcando el final del ciclo diurno.

La pregunta que decides tú al final del paseo

La ciudad reconocible no está en el plano impreso. Reside en el registro sensorial que cada persona acumula al caminarla, en la memoria física que se lleva consigo. Un archivo de audio de diez o quince segundos funciona a menudo como registro documental alternativo a la imagen estática, preservando la atmósfera sin congelar el tiempo.

Si mañana tuvieras que devolver una sola prueba de haber estado en Catania —un sonido grabado, una piedra tocada o una fotografía—, ¿cuál elegirías y qué dice esa elección de cómo miras las ciudades?

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